Está en el ambiente que el Atlético está obligado a ganar esta Liga Europa. No hay una plantilla mejor ni tampoco un equipo que haya caído en esta competición desde tan alto. La alineación de Simeone se ajustó a esa exigencia. A falta de los lesionados Oblak y Godín, que hubieran jugado de no ser por sus percances, puso a jugar sobre el tapete a la gran mayoría de sus futbolistas de confianza. Un once que a la vez también deslizaba frescura y futuro, con Giménez y Lucas en el eje de la defensa, Saúl y Thomas al mando y Koke y Correa en los costados. Solo Juanfran y Filipe representaban la guardia pretoriana clásica de Simeone, salpicada por la madurez de Griezmann y Diego Costa.
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