El Besiktas, el club revelación de esta Champions, imbatido y vencedor en todas sus salidas, traspasó su límite de resistencia en Múnich. No soportó el peso del Bayern, que le cayó encima con todo su tonelaje de hierro y hormigón bien representado por Kingsley Coman. El extremo francés de 21 años, una joya de la cantera del PSG que emigró tras quedarse libre en 2014, se encuentra en un momento de esplendor. Hizo el centro —un pase atrás— que desencadenó el 1-0 y metió el 2-0 exhibiendo un don para la anticipación. No lo detectó ni Pepe, el mejor defensa del equipo turco, abrumado de tanto achicar agua sin ayuda competente a su alrededor.
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