Navarro la coge bajo su aro, se la da a Pau Ribas ipso facto y este le envía un mísil a Oriola, que machaca el aro por enésima ocasión. El espectador que pestañeara, se la perdió. Porque eso es lo que tarda el renacido Barcelona en asestar sus golpes predilectos. El Baskonia, bravísimo, resistió y mantuvo opciones hasta los últimos segundos. Pero este Barcelona también mete los tiros libres. No perdonó (94-90). Hizo valer su excelente ejercicio colectivo y la superlativa actuación de tres jugadores en concreto: Heurtel, Tomic y Oriola.
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