El Eibar juega con el reloj adelantado, con el corazón acelerado y esperanzado como un muchacho travieso. A los 40 segundos, Kike García hizo carambola con las redes de la portería con un zurdazo donde se mezclaban las ganas, la rabia y el ansia del goleador que de repente ve sus ojos enredados en la red como única visión. Ante el Girona, en diciembre, Inui hizo lo propio, en los mismos segundos. Le gusta a Eibar adelantar la hora para ni quedarse dormido. Intensidad, que prisa, se llama la figura. Pero el gol de Kike García no solo premiaba su trabajo de gladiador infatigable, sino que desnudaba la principal carencia del Sevilla, durante todo el partido: la inconsistencia defensiva. Tantos ojos puestos en Sergio Rico, tras sus recientes errores, cuando en realidad era su linea defensiva la que evidenciaba demasiados agujeros negros. Pero el pasillo que le ofrece Nico Pareja que jugaba su primer partido desde setiembre, fue una invitación a la exaltación del gol. Y ya fue todo así: Pareja arrastró a Langlet poco consistente. Layún, que debutaba se le notó el debut (como a Roque Mesa, un poco menos a Sandro) y Escudero padeció el sufrimiento de Orellana, un ratón mecánico lleno de talento que ha asumido una posición, la de extremo derecho que venía repudiando en sus anteriores equipos (Celta o Valencia) y que ahora Mendilibar ha conseguido que que festeje. El chileno empezó bien, pero acabó mejor, solidario en defensa, presto al rescate.
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