Cuando llegó a Inglaterra, a Manchester, una ciudad de cielo gris y edificios a juego, David de Gea (Madrid, 27 años) tenía el rostro virgen, libre de cualquier pelo mayúsculo, más allá de una ligera hilera que le recorría el mentón. Su cara de niño delataba un carácter introvertido poco propio de un adolescente al que le había llegado la alternativa mucho antes de lo que marcan los cánones habituales entre los tres palos. Con solo 20 años ya acumulaba 70 partidos al frente de la portería del Atlético de Madrid, después de que en la temporada 2009-2010 una combinación de lesiones de Roberto y Asenjo, los dos porteros de la primera plantilla, le expusiera, a los 19, a ocupar la portería rojiblanca. Su notable rendimiento llamó la atención de sir Alex Ferguson, que ya había demostrado su interés por los porteros españoles al contratar a Ricardo en 2002, y el técnico del Manchester United colocó sobre la mesa 25 millones de euros para llevarse a una de las mayores promesas del fútbol español.
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