Marco Asensio llevaba unas cuantas semanas algo contrariado. El joven balear transitaba por el invierno en los banquillos absorto en una sensación de desánimo e indecisión. Quizás porque no alcanzaba a comprender los motivos por los que Zinedine Zidane le había relegado a un plano cada día más secundario. Solo un par de meses después de sus meteóricas actuaciones frente al Barcelona en la Supercopa de España, su progresión se encontraba en situación de peligro. De esa posición de preocupante estancamiento empezó a escapar Asensio hace una semana en el Santiago Bernabéu. Ayer, frente al Betis, días después de ser decisivo en la victoria en la Champions ante el PSG, el joven talento prolongó su protagonismo.
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