Juega con gafas, lleva un aparato dental y su rostro está marcado por un acné juvenil pronunciado, aunque no es ningún adolescente porque en mayo cumplirá 22 años. Comenzó a jugar al tenis porque seguir la estela de la pelota, le recomendaron los médicos cuando tenía seis, podía ayudarle a paliar una patología que dispara su miopía hasta casi las 20 dioptrías. En 2015 completó cuatro semanas de servicio militar y, desde ayer, todo el mundo le recordará por haberle infligido un serio castigo al jugador que siempre admiró, Novak Djokovic, rendido por 7-6, 7-5 y 7-6 (después de 3h 21m) en una de esas noches de Melbourne que siempre quedan para el recuerdo.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/2DXNyKK
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire