Adora la pelota, odia que sus equipos le aburran y sigue siendo un transgresor, como toda la vida. En el Quique Setién (Santander, 1958) entrenador aún late aquel niño forrado de huesos que iba para bedel de un colegio farmacéutico y se hizo futbolista profesional en contra de la voluntad paterna. Luego, se las tuvo tiesas con técnicos y, no digamos, directivos. Este domingo, en un Betis imprevisible para lo bueno y lo malo, y al que reta el Barça esta jornada (20.45, Movistar Partidazo), se siente un privilegiado. “Cómo no, si tengo un balón por el medio”.
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