No por lógico dejó de sorprender porque hasta ahora Javier Mascherano (San Lorenzo, Argentina; 33 años) siempre se había mostrado tan firme en el campo como en sus respuestas, un líder desde la palabra y los actos. Pero esta mañana, con la voz quebrada, con unas lágrimas que se resistió a mostrar y aguantó como pudo en las cuencas de los ojos, explicó su marcha al Hebei Fortune chino y también su adiós al Barcelona, al club que llegó como un peón y que se marcha como capitán, haciendo gala y honor al apelativo que en su día ya le apreciaron y que nunca abandonó: El Jefecito. “Llegué para cumplir un sueño y es hora de despertar, duró más de lo que jamás hubiese penado”, resolvió Mascherano, arrastrando tanta pena como orgullo en cada sílaba que pronunciaba con esas notas tan argentinas; “fueron siete años y medio pero parecieron mucho menos de lo bien que la pasamos”. Aunque añadió: “Me siento un privilegiado porque siempre dije que el hecho de que te valore la gente que trabaja contigo el día a día es el mejor regalo posible”.
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