Apenas pasaban unos minutos de las 16.00 y acceder al parking del estadio Alfredo Di Stéfano se había convertido ya en un imposible. Restaba una hora para el penúltimo entrenamiento del 2017 del Real Madrid, el primero tras las vacaciones navideñas y el único a puerta abierta en todo el año para los socios del club, y un chorreo continuo de niños, padres y grupos de adolescentes no dejaba de llegar a Valdebebas. Lo hacían en coche o a pie, completando una travesía de prácticamente dos kilómetros que hay desde la parada de Metro y Renfe más cercana. Poco importaba, ni el trayecto, ni la reciente derrota a manos del Barcelona en el Bernabéu (0-3), ni los 14 puntos de desventaja en una Liga que parece perdida tras solo 17 jornadas.
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