Puesto a desplomarse, el Real Madrid parece haber escogido aplicarse a ello con la misma determinación que le condujo, por ejemplo, a coronarse por duodécima vez en Cardiff. Incluso con el mismo libreto. Un derrumbe formidable a la altura del mastodonte caído, que después de brillar con cinco títulos en un año, se dedica a regalar selfis felices a rivales desesperanzados. Solo en la Copa, el Fuenlabrada, el Numancia y el Leganés se llevaron del vestuario del Bernabéu fotos que no imaginaban: goles a pares y una semifinal. Con su eliminación contra el Leganés, el Madrid, como acostumbra, anotó su nombre en la historia, al permitir que le remontaran en casa una eliminatoria copera por primera vez en 115 años.
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