mardi 23 janvier 2018

Casilla, de secundario a protagonista

En el Mundial de Francia de 1998 nació un gesto amoroso que, en virtud de su efectividad, llegó a adquirir tintes místicos. El beso en la calva con el que Laurent Blanc bendecía a Fabian Barthez antes de cada partido desarrolló un carácter espiritual, cuando beso a beso, Francia se plantó en la final y acabó levantando el cetro mundial. En aquel equipo la escena de sus dos compañeros no pasaba desapercibida para un Zinedine Zidane que, como entrenador, ha demostrado un comportamiento tan protector con sus guardametas, que, sin besarlos, ha evidenciado una confianza capaz de rivalizar con los intereses de una secretaría técnica predispuesta a deshacer la pareja que forman Navas y Casilla en cada ventana de fichajes.

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