“Cuando esté preparado, lo intentaré, y quizá aquel instante maldito en el que todo cambió deje de ser eterno y logre sacar el puñal que se clavó en mi espalda, quizá ya el camino quede despejado de la piedra maldita, quizá ese día pueda levantarme de la silla, mirarla desde lo más alto y decirle: ‘Gracias por todo, amiga”. Habla el piloto que un día tuvo que dejar de correr para preocuparse por adaptarse a una nueva vida: en silla de ruedas y sin motos. Es este un fragmento de su libro, autobiográfico: Isidre Esteve, la suerte de mi destino (Ara Llibres, 2008). Diez años después, el deportista de Oliana (Lleida) está a punto de sacarse ese puñal.
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