Se cayó Nunally, cuello contra el parqué, tras resbalarle las manos en el aro y el dolor se expandió por cada uno de los cuellos que había en el pabellón y frente a las pantallas del televisor. Son de esos dolores colectivos que hielan el cuerpo. El jugador fue trasladado a un centro hospitalario, consciente y con el cuello inmovilizado por un collarín. El partido no pasó a segundo plano desde entonces, pero sí tuvo un carácter subsidiario del dolor, casi siempre más fuerte que la alegría.
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