Cristiano Ronaldo habla claro. Emplea frases sencillas y a menudo rotundas, como “Yo soy el mejor de la historia”. No dice que quizás, tal vez sea el mejor, lo que complicaría la frase. No: él es el mejor, sin paliativos. Pero esa claridad con la que habla no significa que esté demasiado claro lo que dice. Es habitual, cuando subraya lo maravilloso que es, que no se tome la molestia de aclarar que sus opiniones sobre sí mismo pueden pecar de cierta irrealidad. Cree realmente que supera a Messi, a Maradona, a Pelé y a Di Stéfano, por citar solo a cuatro. Cabe la posibilidad de que sepa que no es el más grande, y que decir que lo es constituye una broma, pero no admite que es una broma porque un humorista no explica sus chistes. Ojalá fuese eso, porque entonces sus palabras tendrían un pase.
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