El brasileño Grêmio de Porto Alegre se había traído su mayor problema de casa. El medio centro Arthur, su mayor estrella, su arma de puntuación masiva, el deseo de varios clubes internacionales, se había lesionado un tobillo antes del vuelo a los Emiratos Árabes, donde el ahora manco Grêmio tenía que vérselas con el Pachuca en el Mundial de Clubes. Obligado a obrar algún milagro, el entrenador, Renato Portaluppi, puso a Michel en su lugar. Y con él, el equipo se enfrentó a un calvario de primer tiempo, a una segunda parte fluida y, finalmente, a una prórroga que les dio la victoria.
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