La Champions ya está cruda. Máxime para el París Saint Germain, que soporta más presión que ninguno. El fútbol no siempre tiene precio, pero la entidad francesa se lo ha puesto de forma desorbitada. En París y en Qatar la Ligue 1 solo es un patio vecinal. Con 400 millones invertidos solo el pasado verano, se trata de un todo o nada a la Copa de Europa, la gran pasarela futbolera universal. Hasta el Mundial de 2022 en suelo propio es el puente de oro que obsesiona al poder catarí, su mayor eco exterior. Con tal exigencia suprema, el emergente PSG tendrá que medirse al clásico por excelencia en la Copa de Europa. A un Real Madrid que ha hecho de este torneo su campeonato fetiche, el motor de su épica.
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