Todas las formas de ganar son lícitas. Incluida la que utilizó el Atlético para imponerse al Betis, quizás la que más podía doler a un entrenador como Quique Setién. El Atlético, muy defensivo, tuvo una ocasión y la metió. Simeone ideó un plan y le salió a la perfección, otorgando al Betis categoría de grande. Solo así puede entenderse el planteamiento conservador, los cambios del argentino y la actitud de un equipo que renunció a cualquier protagonismo en el juego, sin tener la pelota jamás más de tres toques. Poco puede importarle la lírica a este Atlético de acero y solidario. Un dolor para los ojos de los aficionados. Una delicia para los atléticos, que ven cómo su equipo, con más resultados que juego, se postula para pelearle la Liga al Barcelona y al Madrid, con permiso del Valencia. El esfuerzo del Betis fue encomiable, tanto como su idea de tener siempre el balón y construir desde atrás. Tuvo, como el Atlético, una ocasión. Oblak voló para ponérselo imposible a Tello, que disparó con el alma. Su dinámica es mala y acumula ya seis partidos sin ganar en la Liga.
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