Los genios contagian. Y Cristiano Ronaldo es uno de ellos. La banda sonora del Balón de Oro le ha permitido empavonarse de nuevo y su onda expansiva ha tenido un efecto inmediato en el Real Madrid, hoy con un panorama más alentador. Como el fútbol no es una ciencia, no cabe hilar una relación causa-efecto, pero sí una constatación que no parece casual. Máxime en un futbolista único cuando se le dispara el egómetro, su proteína esencial. Guste o no, en el caso de Cristiano, la inmodestia es una virtud clave.
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