En pleno aviso de ciclogénesis explosiva, en Anoeta corría una brisa leve. Y buena temperatura. Demasiada calma, como si el colista Málaga fuera una luz tenue, un quinqué para iluminar a una Real un tanto aturdida por sus últimas flaquezas: que si el flato en los minutos finales, que si la debilidad anímica para sustanciar su buen fútbol, que si su inconsistencia. Un punto leve de depresión, como si padeciera de pronto el síndrome de Dorian Grey. Y el Málaga que llega de colista, ahí sí que existe el aturdimiento, el miedo, el vértigo, eso sí que es una ciclogénesis con aire de brisa marinera, engañosa, que liquida a la Real con un ejercicio de solidaridad apuntillado por dos de los penaltis más absurdos de la historia reciente de Anoeta.
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