El Athletic había conseguido acelerar su motor ante el Barcelona y el Östersunds, y de pronto en Vigo metió la marcha atrás. El trombo fue monumental. Ocurre cuando se invierten los términos y la conversación se interrumpe. Ziganda, que había recuperado un cierto aliento de la grada (el olvido en estos casos es el mejor regalo para un entrenador discutido), vio cómo su equipo se volvía a desplomar con una primera mitad desalentadora remediada en cuanto al orgullo, más que por el juego, en la segunda parte, aunque sin beneficio alguno. El Athletic es ahora 15º con 11 puntos, a cinco del descenso y a ocho de los puestos de Europa.
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