Dominic Thiem, el austriaco de la derecha de plomo, trazó un globo perfecto y la bola botó sobre la línea de fondo antes de dispararse hacia la grada. Pablo Carreño, debutante, tenía tantas ganas a la noche, tantísimas, que reculó como si fuese un velocista y brincó el soporte publicitario como si fuese el saltador Jackson Quiñónez. La devolución no llegó al otro lado y el punto fue para el austriaco, pero para entonces el asturiano ya se había metido al público inglés en el bolsillo. Luego perdió (6-3, 3-6 y 6-4, en 2h 06m), así que como tenía que ganar o ganar, e incluso esperar luego que otros resultados le acompañasen, se despidió del pase a las semifinales. Sin embargo, el lujo de jugar en el O2 y sentirse muy grande no se lo quita nadie.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/2A2Mk1V
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire