Se clasificó mal el sábado. Y terminó mal el domingo. A su moto, tan dócil todo el año, tan gentil en aceleración, tan potente, no le pasaba nada especial. Pero el cielo no quiso acompañarle en su viaje. Se cerró el miércoles, cuando Joan Mir enfilaba el camino hacia el circuito de Motegi. Y no lo vio abrirse en ningún momento del fin de semana. Jarreó, especialmente, la mañana del domingo en que aspiraba a convertirse en campeón de Moto3. Y él, al que ya atacaron los nervios el día anterior, cuando tuvo que salir a una pista empapada para pelear por buscarse un buen sitio en la parrilla de salida (y, también, para minimizar la sanción de seis posiciones que le habían impuesto por la maniobra polémica de Aragón), tampoco supo templar los nervios en una jornada aciaga. Terminó con el 14º mejor tiempo. Y ello le obligó a salir en parrilla en el puesto 20 el domingo.
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