El Athletic es un equipo insospechado. El Sevilla también. Sobre todo en San Mamés. Pero al Sevilla le va mejor, menos en San Mamés, donde todas sus buenas sensaciones se traducen en extrañas situaciones, inexplicables circunstancias que acaban sumiéndole en un mar de dudas. Y en ese mar se ha ahogado en las últimas ocho visitas (salvo la victoria en la Liga Europa en abril del pasado año). O sea, habrá que convenir que las sospechas recaen en San Mamés más que en el Athletic para explicar por qué el Sevilla sucumbe en La Catedral a cualquier hora y contra cualquier Athletic. Incluso ante el Athletic desnortado e iracundo de la primera mitad, limitado a protestar penaltis que lo parecían pero no lo eran (una mano fortuita de Carole) o saques de esquina que lo eran y no lo parecían.
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