Se fue Serena Williams, entró la luz y nació la alternancia. Uno, dos, tres, cuatro y hasta cinco jugadoras han conseguido situarse en lo más alto del ranking y saborear la miel del número uno, porque el vacío que dejó la estadounidense, debido a su maternidad, no es que sea grande, evidentemente significativo, sino más bien inmenso. Desde que ella anunció su embarazo (abril) y se echó momentáneamente a un lado, el circuito femenino, muy volátil de por sí, ha acentuado su tendencia a los giros y a los cambios de dominio.
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