El último partido que se jugó en el Camp Nou fue contra el Las Palmas a puerta cerrada y se celebró el 1 de octubre. La decisión de la junta que preside Josep Maria Bartomeu provocó la dimisión de dos directivos (Carles Vilarrubí y Jordi Monés), enojó a cuantos aficionados habían acudido al estadio y contrarió a los seguidores que abogaban por la no disputa del encuentro, sobre todo a los independentistas, por entender que era la mejor manera de ser consecuentes con la condición de més que un club de la que siempre presumió el FC Barcelona.
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