Siempre tuvo claro Ernesto Valverde que la unión hace la fuerza, empeñado en fomentar el buen ambiente en el camerino y también con el cuerpo técnico porque cuando se casa con uno ya no le da la espalda. Bien lo sabe Jon Aspiazu, amigo que le llevó por primera vez a San Mamés cuando estudiaban en la universidad —Ernesto biología y Aspiazu periodismo—, que le hizo de ayudante en el filial del Athletic en el 2002 y desde entonces siempre le ha seguido por los banquillos. Incluso cuando el Espanyol le impuso a Tintín Márquez como segundo, se las ingenió para que Aspiazu entrara con otro cargo aunque compartiera competencias con Márquez. También se unió al preparador físico José Antonio Pozanco, Ros, cuando firmó con el Olympiacos y le siguió al Villarreal, Valencia y Athletic, también al Barcelona. Y, aunque silenciosos, entre los tres —junto a Ros se encargan del físico Edu Pons y Antonio Gómez— han logrado poner a punto al Barça tal y como se comprobó frente al Atlético, equipo que presumía de físico y que se quedó con la lengua fuera antes de tiempo en el empate del sábado.
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