Iker Casillas envió a su representante a buscar clubes para salir del Oporto el pasado verano. Su plan era competir en una gran Liga europea para poder exhibirse ante el seleccionador español, Julen Lopetegui, en un intento de entrar en la lista del Mundial de Rusia y disputar su quinto Mundial con España. A sus 36 años, el portero quería emprender su última gran aventura como profesional. No consiguió dar ni el primer paso. El Oporto no lo vendió, o él no encontró un club que quisiera contratarle. Dos meses después del comienzo de la temporada el panorama se oscurece: Casillas es suplente. Este sábado su entrenador, Sergio Conceiçao, le relegó al banquillo por tercer partido consecutivo. Volvió a elegir al tembloroso José Sá en lo que parece un empeño profesional y personal.
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