“Va a llover a la hora del partido, nos va a venir bien”, decían detrás de la barra los camareros del Gandarias mientras servían pintxos a guiris y a gente de la casa. Fuera el cielo estaba encapotado y la marea muy alta en la playa de la Concha. Llovió, sí, a la hora del partido, pero el pronóstico de algunos hinchas de la Real no se cumplió. El Madrid llegaba a Anoeta con el agua al cuello, si es que a mediados de septiembre se la puede jugar uno con una Liga que termina en mayo. Llegaba a casa del colíder y con el Barcelona a siete puntos. Llegaba al norte con cuatro bajas: Marcelo, Cristiano, Benzema y Kroos. Llegaba con Gareth Bale en un mar de dudas. Se fue con tres puntos y después de haber disputado uno de los mejores partidos de la temporada.
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