Llegaron los octavos de final y con ellos se abre la puerta del todo o nada así que tanto para Turquía como para España se planteaba un partido con muchos condicionantes. Era un cruce de esos que la organización marca en rojo porque para el anfitrión perder y decir adiós delante de su afición multiplica la decepción mientras que una victoria se habría considerado una gesta y casi un empujón hacia las medallas. En el otro lado una derrota de España habría dejado al Europeo sin la mejor plantilla y el equipo que muchos ven con el oro al cuello o al menos con un puesto en la final.
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