Desde que entrenase al Benidorm en 1995, José Bordalás (Alicante, 55 años) ha conocido cada uno de los entresijos del fútbol de cobre, ese que se juega en estadios apasionados con pocos objetivos de televisión pendientes, pero que llenan las calles y devoran pizarras. Porque ejercer en Segunda B, en una de las categorías más humildes del fútbol español, es para un entrenador como hacer la mili. Lo es porque en esos vestuarios se entrenan jugadores que buscan hacer carrera en el fútbol al mismo tiempo que pelean la vida fuera del campo. Y entender el fútbol desde abajo, licenciarse en las trincheras, es garantía de arrojo.
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