Larga, esbelta, los pelos rubios, tirantes, atados, inmovibles. La presencia de Karolina Pliskova, la número uno del mundo desde hace solo un mes, intimida. Su firmeza y su armonía se toparon ayer, sin embargo, con la furia de Garbiñe Muguruza. La tenista española confirmó su buen momento y despedazó, poco a poco, a la checa, mejor jugadora del planeta, por 6-3 y 6-2 en una hora y 16 minutos.
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