El fin del mundo se acerca, gritó uno. Evan Jager, un norteamericano rubísimo y espigadísimo, atacó cuando le quedaba una milla (cuatro vueltas) a los 3.000m obstáculos y durante más de tres minutos parecía que aquello podría ocurrir, que un keniano no ganara la prueba fetiche del atletismo africano. Desde que Moses Kiptanui, en Tokio 91, consiguiera la primera victoria keniana, ningún Mundial ha fallado y era más habitual que dos o tres atletas del Rift ocuparan el podio que otra cosa.
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