No son pocos los que todavía continúan disputándose el título honorífico de profeta del messianismo, el primero de los mortales en anunciar la venida del cuarto hijo de los dioses del fútbol a la tierra. Desde Minguella a Rexach, muchos son los que se declaran culpables de haber intuido el aura especial que desprendían los regates de aquel muchacho antes que nadie, así como de haber movido todos los hilos a su alcance para que el Barça no dejase escapar a la mayor perla contemplada desde la Peregrina: una histórica joya que engalanó los pescuezos de varias reinas de España hasta terminar acunada sobre los majestuosos pechos de Elisabeth Taylor.
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