Después de atravesar Luxemburgo de norte a sur de un solo bocado, el pelotón del Tour cruzó la línea Maginot sin superar mayor resistencia que la del viento de cara y llegó por fin a Francia, donde ganó Peter Sagan, el esperado, un bárbaro del Este. Un corredor fabuloso. Un día de sol, de prados verdes y bosques de cuento de hadas con sus castillos de chocolate. Un día de Tour como los que recuerdan los viejos que fueron niños. Un día para creer.
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