lundi 17 juillet 2017

Landa salva el maillot amarillo de Froome en el macizo central

En un altiplano de maquis, resistencia y rebeldía, Mikel Landa fue el équipier modelo que se descolgó del menguado grupo de los mejores mediado un puerto de miedo y esperó a su jefe averiado. Cuando llegó a su rueda Chris Froome con la lengua fuera y la cabeza botando de lado, Landa, pura disciplina, le guio con tranquilidad y le devolvió a su lugar. Quedaban aún cuatro kilómetros del Peyra Taillade, un primera nunca ascendido en el Tour que estuvo a la altura del temor con el que se hablaba de él la víspera. Quedaban algunas de las rampas más duras. En el grupo, acelerado por el Ag2r del Romain Bardet que recorría las carreteras de su infancia, marchaban ya nueve de los 10 primeros de la general. Solo faltaba Nairo Quintana, dueño de una cabeza que le anima a sus sueños de grandeza y esclavo de un cuerpo que le frena. Ninguno atacó con decisión y deseo de hacer daño. Quizás solo habría podido hacerlo Landa, tan fuerte. Por delante, miembro de la masiva fuga matinal, Bauke Mollema, el lugarteniente de Contador, ganó la etapa.

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