Finales de julio de 2016. La Agencia Mundial Antidopaje (AMA) está desbordada. Se acercan los Juegos Olímpicos de Río, un evento que pondrá a prueba toda su capacidad, y que envenena hasta límites insospechados el asunto ruso, la lucha para conseguir que ningún deportista ruso obtenga el derecho para competir en la ciudad brasileña. No había prácticamente capacidad para abordar un problema más, que fue justamente lo que debió hacer, y con urgencia. Y la justicia española, como siempre, según la opinión de los responsables de la AMA, estaba en su origen.
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