Cuando estaba a punto de terminar la etapa del Tour, Romain Bardet atacó. Iba por delante Barguil y dejó atrás a Froome, Aru y Fuglsang. Siguió pedaleando hasta pasar a Barguil, que se reunió con los otros, y a todos le sacó Bardet treinta segundos cuando faltaban once kilómetros para la meta. Había pasado de todo ya, entre otras cosas la caída de Richie Porte. Se había quedado clavado Quintana, que al menos calibró sus fuerzas para evitar esa sacudida de orgullo, ese levantarse y querer seguir rueda, que el Tour castiga tirándote una minutada a la cara.
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