Rafael no es un jugador particularmente confiado. Siempre ha mostrado una cautela extrema ante cualquier rival. De hecho, en más de una ocasión he tenido que recordarle de lo que es capaz ante un oponente que, a mi entender, podía hacerle poco daño. El lunes no me hubiera atrevido. El calentamiento, de 10.30 a 11.00 en la pista 14, no fue nada bueno. La tensión era patente y tanto Francis como yo sabíamos por qué. Gilles Müller es un jugador que te puede complicar mucho la vida, en un torneo donde ya todo es complicado de por sí.
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