Chile lo intentó de todas las maneras posibles, pero aunque hubiera estado día y noche llamando a la puerta no parece que nadie al otro lado tuviera la más mínima intención de dejarle entrar. Es el resultado palpable de lo que ha creado la fábrica de Alemania, que con tantas caras nuevas como las que ha presentado en la Copa Confederaciones ha sido capaz de ganar a la doble campeona de América, uno de los equipos más compactos del planeta, sin necesidad de recurrir a ninguna figura. Es la moraleja de un cuento que se ha repetido desde que en 2014 la Mannschaft levantó el cetro Mundial. Y que ahora, a falta de un solo año para el próximo campeonato del Mundo parece más dispuesta que nunca a repetir. Sea con la plantilla que sea.
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