En Mugello, hace unas semanas, Andrea Dovizioso contaba entre su gente, aplaudiendo abajo en el podio, con un seguidor muy especial. Era su compañero Jorge Lorenzo, que había terminado octavo y que, pese a la decepción, en cuanto acabó la carrera se fue junto al resto de miembros de Ducati a celebrar la primera victoria del año para el equipo. Fue una imagen curiosa, extraña. Y entrañable. “Hay que ser empático, para Dovi este es un resultado magnífico. Estoy contento por él, es un piloto que trabaja mucho. También lo estoy por el equipo; hemos tenido un comienzo de temporada difícil y poder tener a dos pilotos en el podio [con Petrucci, que fue tercero] es excelente”, decía aquel domingo.
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