El Valencia, celebrando a priori su clasificación para la próxima Euroliga, decidió poner la guinda a la temporada logrando su pase a la final de la Liga tras vencer al Baskonia, con tranquilidad, sosiego, organización y el mediano acierto frente a un rival desequilibrado que no hizo casi nada bien. Entre lo mediano y lo malo, la elección es sencilla. El Baskonia le puso el triunfo en bandeja, y no es una metáfora porque cuesta trabajo creer cuantas bandejas —a priori la jugada más sencilla del baloncesto— falló el equipo azulgrana como un camarero nervioso.
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