Una silueta de Arnold Palmer, el ídolo estadounidense fallecido el pasado septiembre, vestía la bandera del hoyo 18 que despedía a los golfistas al término de su recorrido en Erin Hills, en la 117 edición del US Open. Seguramente Palmer, que ganó el torneo en 1960 por delante de Jack Nicklaus, hubiera sido uno de los muchos críticos con esta versión descafeinada del campeonato, en el que una gran cantidad de golfistas han conseguido resultados muy bajos. La dificultad histórica del grande estadounidense ha dejado paso este año a una versión mucho más light en la que el triunfador ha sido el chico local Brooks Koepka con 16 golpes bajo par.
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