Zidane, Sisú, como lo pronuncia Sergio Ramos, llegó al banquillo del Real Madrid sin apenas experiencia, salvo la que tuvo en sus meses al frente del Castilla. Llegó en pleno incendio, en enero de 2016, con la misión de apagar las sirenas y que el equipo no cayese en los octavos de Champions. El horizonte, después de seis meses de Rafa Benítez, estaba tan lleno de nubarrones que el único objetivo era evitar males mayores. Zidane prometió “ilusión y trabajo”. 17 meses después, con una Champions, una Supercopa de Europa, un Mundialito y una Liga en la buchaca, algunos siguen viéndole como un novato inexperto al que le acompaña la flor.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/2qIvBLd
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire