En la década de los noventa, el fútbol español comenzaba a vislumbrar una evolución que acabaría llevando a los clubes más importantes a distanciarse aún más de sus perseguidores. Aunque con el balón de por medio, los grandes aún tenían la posibilidad de atragantarse con la uva aparentemente menos peligrosa. Lo vivió en sus carnes el Real Madrid con el Tenerife, frente al que perdió la Liga en la última jornada durante dos temporadas consecutivas, 1991-1992 y 1992-1993, y cuyo recuerdo asoma de nuevo por la ventanilla 25 años después. El equipo blanco vuelve a disputarse el título en el último partido, esta vez ante el Málaga de Míchel, uno de los perdedores de entonces.
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