Con una sesión de ensayos menos que el resto y compaginando kilómetros entre la Fórmula 1 y su asalto a las 500 Millas de Indianápolis, Fernando Alonso obró el milagro en la sesión de entrenamientos oficial del Gran Premio de España, en la que se inventó una vuelta inverosímil para colocarse el séptimo en la parrilla, igualando su mejor sábado en su segunda etapa en McLaren (Hungría 2016). Una filigrana que dejó a más de uno con la boca abierta y fantaseando sobre qué sería capaz de hacer el asturiano si pudiera meterse en un Mercedes o un Ferrari. Alonso vive encarcelado dentro de un coche que flojea por todas partes, tan perezoso como frágil, inmerso como está el equipo en la peor etapa de su historia.
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