Este sábado, en la central de la Caja Mágica, un golpe de efecto en toda regla. Un cambio de orden anímico. Rafael Nadal se impuso a Novak Djokovic (6-2 y 6-4, en 1h 38m) y cerró un serial negativo que decía que no podía con el serbio desde junio de 2014, desde aquella final de Roland Garros. Pero este sábado, la historia dio un giro. Llegaron los nuevos vientos. En el 50º enfrentamiento entre los dos, el español quebró por fin la estadística y comprimió el clásico, ahora 26-24 a favor del serbio. Sin embargo, el que sonríe hoy día es Nadal, que jugará su octava final en Madrid –tiene cuatro títulos– frente al ganador de la otra semifinal, entre Dominic Thiem y Pablo Cuevas (21.30).
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