De familia motera, sus padres le contaban historias de carreras antes de irse a la cama al pequeño Nicky Hayden, como habían hecho con sus hermanos. Con tres años se subió a su primera moto, pero antes de eso ya había hecho algunas prácticas. Cómo evitarlo en una casa en la que hasta su madre y una de sus hermanas se enfundaban el mono de competición. Y qué decir de ellos, todos pilotos, empezando por el progenitor, que le marcó a partir del dorsal, un 69 del que nunca dio muchas más explicaciones. Lo llevaba en su honor.
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