El barcelonismo llegó agotado y descreído al último domingo de Liga. Mucho se había recreado durante la semana con Wembley, en algún momento supuso que el Málaga podía ser el Tenerife y que Michel sería la reencarnación de Valdano e invocó también a Johan Cruyff como si pudiera resucitar el último día en el Camp Nou. Había que repetir la liturgia de los tiempos del Dream Team en un último intento para ganar el título al Madrid. El ritual, sin embargo, no tuvo efecto porque ganó el equipo de Zidane y las pasó canutas el Barça para remontar ante el Eibar.
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