El pasaporte biológico de David Belda, de 34 años, era tan sospechoso que la agencia española antidopaje (AEPSAD), convencida de que el deportista alicantino recurría a sustancias prohibidas para competir y entrenarse, decidió someterle a un duro régimen de controles antidopaje. El resultado del último, llevado a cabo el 9 de marzo pasado, permitió a la agencia gritar ¡bingo! Fue un positivo por EPO que determinó la suspensión automática del corredor, ciclista como su padre, Vicente, el exciclista cuya carrera como director de equipo acabó con la Operación Puerto, justo hace 11 años, junto con la de su médico de confianza, Eufemiano Fuentes, y la de su segundo director en el Kelme y en el Comunitat Valenciana, Ignacio Labarta.
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